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Melodías del Este

 

Un plato de sopa y café negro. La espera con un cigarrillo. Un par de monedas. Así transcurre esta narración visual cercana al documentalismo etnográfico, que aborda desde una mirada intimista la cotidianeidad de la familia Bibilan, un grupo de músicos rumanos, quienes a través de tres generaciones se unen para llevar sus melancólicos acordes por las calles de la ciudad, como reflejo de una sociedad de seres errantes en constante tránsito. Ver

Lugares latentes

Impulsos eléctricos que atraviesan silenciosamente el horizonte. Lugares que se fusionan con momentos. Soledad, melancolía y tiempo. Este relato en fase de germinación sigue la metáfora del viaje y del instante, se detiene en la contemplación de lugares y no-lugares, donde nuestra presencia cruza a paso fugaz dejando huellas sutiles y latentes. Ver

Historias mínimas

La imagen es un relato alegórico que escudriña la subjetividad, una exploración que nos habla de nuestro viaje personal y nos sitúa frente a espacios donde fugacidad y trascendencia se entrelazan creando una huella gráfica silenciosa y frágil. Ver

Laberintos

La ciudad y sus rincones son el reflejo que hace evidente toda nuestra dimensión humana, exponiendo nuestras luces y sombras; nos da refugio y también nos amenaza; es el escenario donde nos mostramos y también las bambalinas donde nos ocultamos, el laberinto que nos une a otros desconocidos; aquella esquina donde nos encontramos con la fortuna y también con la muerte.

 

La ciudad es también una cárcel al aire libre, una trampa kafkiana de angustias y dolores. Es circunstancia y suceso, un escenario donde los sujetos transitan y son atrapados. La urbe nos muestra una realidad llena de “indicios” que nos invitan a reflexionarla como una proyección psíquica de nosotros mismos. Ver

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